Sobre todo destacaría LA VIVENCIA DE ENCUENTRO, a todos los niveles: en primer lugar conmigo misma: descrubrí muchas cosas que no conocía de mi, que yo pensaba que
no iba a ser capaz..El encuentro con las cinco Jóvenes a las que acompañé, me dieron una visión de una juventud, poco vista, poco oída, el estereotipo de jóvenes va por otros derroteros, las jóvenes con las que me encontré eran personas sensibles a las necesidades de los otros, a otras culturas, a otras formas de pensamiento y de vida, a otros valores, a compartir la fe, aceptar lo diferente. Jovenes con capacidad de compromiso, de entrega, de servicio, capaces de conmoverse, de dar respuestas, de implicarse... Son jóvenes que tienen en sus manos el presente y el futuro de un mundo diferente, y estas jóvenes existen, yo las he encontrado, y estoy convencida de que quedan muchas más.
El encuentro con nuestras Hermanas, Antoñita, que lo hizo posible, M. Carmen, que no escatimó ni esfuerzo ni sacrificio, por enseñarnos todo, lo más y mejor posible, en todo momento estuvo a nuestra disposición y servicio, haciéndonos de puente e intérprete con el pueblo al que nos acercó con cariño y respeto. Hna Charo, siempre a punto, cercana, formando un solo equipo con nosotras, su situación nos ayudó mucho, pues no era tan novata como nosotras, ni tan experta como las demas hermanas, pues ella solo llevaba alli unos meses.
Hna Candi, en Bamako, nos sorprendio su sencillez, cercanía, su alegía…
Lo poquito que convivimos con Hna. Florece, y Lolita, con ellas, apenas fueron dos días, pero continuamos recibiendo junto con las demás hermanas, una forma de ser y de entregarse como Religiosas de María Inmaculada, dignas de mención, verdaderamente nos admiró su sencillez, su entrega su alegría gozosa y su amor, respeto, admiración hacia el pueblo de Malí con quien comparten toda su vida.
Y como no, el encuentro con cada persona, con cada joven, cada familia, cada enfermo, tanto de Bamako, como de Beleko, el encuentro con su cultura, con su religión, el encuentro con una tolerancia y respeto, entre creencias diferentes, también dignas de mención y de tener como ejemplo de que es posible la conviviencia pacifica entre el islam y el cristianismo.
El encuentro con la propia fe, vivida en un contexto y en una expresión diferente, honda, en la simplicidad y sencillez de un pueblo que se reune para rezar, para celebrar, desde la pobreza de medios y desde la riqueza de su dignidad humana y cristiana.
El encuentro con una naturaleza de sabana, bonita y bella hasta decir basta, descubrí, colores y olores que jamás había experimentado. Tierra roja y seca, tambien tierra verde y cultivada. Alguen dijo que “le olía a África”, verdaderametne África tiene un olor y un
color propios una personalidad e identidad que la define.
Solo, haber estado en África puede vivirse como un don y una Gracia especial. Espero poder volver algún día para volverme a encontrar cada persona que conocí. No creo que las olvide.
Desde aquí quiero agradecer a tantas personas que hicieron posible este viaje, entre ellas a Hna Puri Prada.
Y a tantas personas que con sus donativos, un total de 10.000 euros, hicieron posible que llevásemos además una ayuda económica que fue distribuida en las seis comunidades, para el dispensario y para las Jóvenes que allí viven, en los internados, como ayuda a su formación, a su alimentación y a su salud.
Siempre dando gracias a Dios por todo.
Un saludo, ahora desde Brasil.
Hna. Francisca (Maruqui)




































